Hillary Soto celebra Día de la Mujer con emotivo encuentro de abuelas en San Francisco
(Ciclo Informativo, marzo 2026). En el marco del Día Internacional de la Mujer, la primera dama de San Francisco y presidenta de la Fundación Dama del Sur, Hillary Soto, compartió un emotivo encuentro con las abuelas del Centro de Atención Integral Edad Dorada, junto a tutoras y el equipo de Damasur, para rendir homenaje a quienes con su lucha, resiliencia y valentía han construido los cimientos de la familia y la comunidad sanfranciscana. La jornada, cargada de mensajes personalizados, dinámicas, risas y bailes, reivindicó el valor de las mujeres mayores como portadoras de sabiduría y testimonio vivo de que la igualdad se construye con esperanza y perseverancia. El Día Internacional de la Mujer es una fecha para visibilizar luchas, conquistas y el papel protagónico de las féminas en todos los ámbitos de la sociedad. Pero también es una oportunidad para mirar con especial atención a quienes han recorrido más camino: las abuelas, mujeres que dedicaron su vida al servicio de sus familias y comunidades, y que merecen ser reconocidas no solo por lo que hicieron, sino por lo que aún representan. El encuentro organizado por Damasur en el Centro de Atención Integral Edad Dorada puso el foco justamente allí. El ambiente en el centro fue de fiesta y recogimiento a la vez. Hillary Soto, primera dama del municipio, se dirigió a cada una de las abuelas con mensajes personalizados que destacaban su fortaleza individual y el aporte invaluable que representan para San Francisco. Las palabras no fueron las únicas protagonistas: dinámicas grupales, bailes y sorpresas mantuvieron un clima de alegría y celebración durante toda la jornada. En su intervención, Soto expresó con emoción: «Ustedes son mujeres guerreras que han dedicado su vida al servicio. Sus logros son motivo de aplauso, su valentía de reconocimiento. Cada una es testimonio vivo de que la lucha por la igualdad se construye con esperanza y perseverancia, siempre unidas. Mi deseo personal es llegar a esa edad con la misma vitalidad y orgullo que hoy reflejan las abuelas de este Centro de Atención». La jornada incluyó también momentos de recogimiento espiritual, con un espacio de oración colectiva, y gestos de valoración personal, donde las mujeres fueron invitadas a abrazarse a sí mismas como reconocimiento a su propia trayectoria. Un desayuno compartido selló el encuentro, en un ambiente de hermandad y reconocimiento mutuo. Isabel Martínez, gerente de Damasur, compartió su emoción: «Sin ustedes no habría una generación que estuviera avanzando; ustedes son mujeres de éxito que inspiran a hijas y nietas a seguir adelante». Sus palabras pusieron en perspectiva el papel de las abuelas como eslabón fundamental entre generaciones. Blanca Medina, de 78 años, resumió el sentir colectivo: «Me sentí muy feliz de que nos tomaran en cuenta. La primera dama nos escuchó con cariño y eso nos hizo sentir valoradas. Fue un día especial, lleno de respeto y alegría». Su testimonio refleja la necesidad profunda de sentirse visibilizada, especialmente en una etapa de la vida donde el ritmo social suele dejar de lado a los mayores. Victoria Vivas, de 81 años, agregó: «Compartir con otras mujeres y recordar nuestras historias fue emocionante. Nos dieron un espacio para hablar de nuestras luchas y sentirnos acompañadas. Me voy con el corazón agradecido». Sus palabras evidencian que el encuentro no fue un evento superficial, sino un espacio genuino de escucha y reconocimiento. Cierre reflexivo: Hay mujeres que construyen el mundo con manos callosas y sonrisas cansadas. Las abuelas del Centro de Atención Integral Edad Dorada son de esas. Durante décadas, tejieron la vida de sus familias, enfrentaron dificultades sin rendirse, y hoy, a sus 78 u 81 años, siguen siendo ejemplo de dignidad y fortaleza. El encuentro organizado por Hillary Soto y Damasur no fue un simple acto protocolar; fue un espejo donde la sociedad debería mirarse para recordar que el valor de una comunidad se mide por cómo trata a sus mayores. Blanca Medina dice que la escucharon con cariño, y esa escucha es quizás el regalo más grande. Porque en una sociedad que a menudo corre demasiado rápido, detenerse a celebrar a las abuelas es un acto de justicia y humanidad. Y mientras ellas bailen, recen y compartan sus historias, San Francisco tendrá un corazón que late fuerte. Cortesía-Prensa/Alcaldía Bolivariana de San Francisco
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