(Ciclo Informativo, abril 2026). “Aquí pueden verlo, miles de feligreses se hicieron presentes en una emotiva procesión que culminó con esta misa maravillosa en nuestro Parque Monumental Ana María Campos. Es parte de ser venezolanos de paz y de reencuentro”. Así lo expresó emocionado el alcalde Giancarlo Di Martino al término de la eucaristía de Jesús de la Divina Misericordia, que marcó el cierre de una amplia programación religiosa iniciada el viernes en la Plaza de la República.

La Semana Santa en Maracaibo no es solo una conmemoración litúrgica; es una experiencia colectiva que moviliza a miles de personas en torno a la fe, la esperanza y la unidad. La vigésimo novena edición de la procesión de Jesús de la Divina Misericordia cerró una programación que incluyó el homenaje a la Virgen de Betania por sus 50 años de aparición y el otorgamiento de la orden San Sebastián a María Esperanza de Bianchini. Para el alcalde Di Martino, este reencuentro de fe es la expresión más auténtica de lo que significa ser venezolano.

El Alcalde recordó que el viernes estuvieron en la Plaza de la República en un acto lleno de fe y gratitud con los hijos de la Sierva de Dios, a quien otorgaron la orden San Sebastián post mortem por su labor evangelizadora. La procesión del domingo reunió a miles de marabinos y zulianos en un reencuentro de fe, paz y unión. La Alcaldía brindó apoyo logístico integral en materia de seguridad, salud e hidratación en diversos puntos de los más de cinco kilómetros de recorrido.

Cierre reflexivo:
Viernes en la Plaza de la República honrando a la Virgen de Betania. Domingo en el Parque Monumental Ana María Campos celebrando a Jesús de la Divina Misericordia. Tres días de fe, de recogimiento, de encuentro. El alcalde Di Martino lo resumió con una frase que debería ser el lema de estos días: “Es parte de ser venezolanos de paz y de reencuentro”. Porque Venezuela necesita paz. Y Maracaibo, con su tradición religiosa, está dando un ejemplo de cómo construirla: desde la fe, desde la unidad, desde el respeto. Los miles de feligreses que recorrieron las calles no solo cumplieron promesas o pidieron milagros; construyeron comunidad. La Alcaldía, por su parte, no solo garantizó seguridad y salud; garantizó condiciones para que la fe se expresara con dignidad. Porque la fe no es un asunto privado; es un hecho público que merece ser acompañado. Este domingo, Maracaibo demostró que es posible creer, esperar y caminar juntos. Que la misericordia siga guiando los pasos de esta ciudad. Y que el próximo año, Maracaibo vuelva a llenarse de fe, de paz y de esperanza.
Cortesía- Prensa Alcaldía Bolivariana de Maracaibo