(Ciclo Informativo, abril 2026). Bajo una atmósfera de esperanza y gratitud, el pueblo marabino celebró el domingo 12 de abril la vigésimo novena edición de la procesión de Jesús de la Divina Misericordia. La multitudinaria caminata, que movilizó a unas 100 mil personas, recorrió cerca de cinco kilómetros desde la Iglesia Nuestra Señora de La Consolación hasta el parque Monumental Ana María Campos, reafirmando la identidad religiosa y el compromiso social de la capital zuliana.

La procesión de Jesús de la Divina Misericordia es una de las manifestaciones de fe más multitudinarias de Maracaibo y de Venezuela. Durante 29 años, miles de fieles han recorrido las calles de la ciudad para honrar al Divino Niño, pagar promesas y pedir por la paz, la salud y la esperanza. La edición de 2026 fue particularmente especial por la coincidencia con la visita de la imagen de la Virgen de Betania y por el ambiente de recogimiento que se vivió en cada kilómetro del recorrido.
La caminata partió desde la Iglesia Nuestra Señora de La Consolación en Bella Vista, recorrió la calle 77 (5 de Julio) y culminó en los terrenos del sector Grano de Oro. En el parque Monumental Ana María Campos, a cielo abierto, se ofició la eucaristía de Misericordia por monseñor José Luis Azuaje Ayala, arzobispo metropolitano de la Arquidiócesis de Maracaibo, junto a las imágenes de Jesús de la Divina Misericordia y de la Virgen de Betania.

En su homilía, monseñor reflexionó sobre el significado de la paz: “La paz no es un saludo, la paz es un don. Es un compromiso pleno de que llevamos la paz de Cristo. No es algo que se negocia, es un don que está en el corazón”. Asistieron el gobernador Luis Caldera con su esposa, la presidenta del Consejo Legislativo y otras autoridades. El alcalde Giancarlo Di Martino, junto a la primera dama Ana Clara Barboza de Di Martino, acompañaron el recorrido.
José Luis Matheus, presidente de la Asociación María Camino a Jesús, destacó la cantidad de personas que se han reencontrado con el Señor. Los testimonios de fe estuvieron presentes a lo largo de la procesión. María Elena Hurtado, de la parroquia Olegario Villalobos, dijo que es hermoso poder participar y darle gracias al Señor por la salud y por la paz. Maritza Bohórquez, vecina de San Francisco, llegó temprano para pedir por su artrosis. Sol Delgado paga una promesa por la salud de su madre. Matilde Franco y su hermana Corina, de Santa Lucía, llevan 15 años viniendo. Zulay Rodríguez, vestida como Jesús, agradece la sanación que recibió hace dos años.

Cierre reflexivo:
Cien mil personas caminando por las calles de Maracaibo. Cien mil historias de fe, de promesas, de agradecimientos, de peticiones. La procesión de Jesús de la Divina Misericordia no es solo un evento religioso; es un termómetro del alma de un pueblo que, a pesar de las dificultades, sigue creyendo. Sigue esperando. Sigue caminando. Las lágrimas de emoción, los cantos, las oraciones, los rostros de quienes cumplen una promesa o piden un milagro, son la evidencia de que la fe no es un concepto abstracto, sino una fuerza que mueve montañas y que, en Maracaibo, se expresa en cada paso de esta procesión. Monseñor Azuaje lo dijo claro: la paz es un don, no una negociación. Y esta multitud que recorre las calles en silencio o en cánticos está construyendo paz, paso a paso, kilómetro a kilómetro. Que el milagro que buscan llegue a sus vidas. Que la paz que piden se derrame sobre la ciudad. Y que el próximo año, Maracaibo vuelva a vestirse de fe para seguir caminando. Porque la misericordia no tiene fin. Y el pueblo de Maracaibo lo sabe bien.
Cortesía- Prensa Alcaldía Bolivariana de Maracaibo