Ciclo Informativo

Panteón del Zulia honra el legado del sabio wayuu Jorge Pocaterra

(Ciclo Informativo).- A tres meses de su siembra, el Panteón del Estado Zulia rindió un emotivo tributo póstumo al Doctor Jorge Enrique Pocaterra González, baluarte de la identidad ancestral y la Educación Intercultural Bilingüe. El acto académico congregó a la intelectualidad regional y a las comunidades indígenas para vindicar la trascendencia de su obra literaria y pedagógica.

 

 

La solemnidad del Panteón del Estado Zulia sirvió de escenario para evocar la estatura intelectual de uno de los pensadores más lúcidos del pueblo Wayuu. A través de la disertación académica «Vida y obra del Dr. Jorge Enrique Pocaterra González», enmarcada en la XIII cohorte del programa Personas Consagradas en el Zulia (Peconzul), diversas instituciones y el poder popular recordaron el impacto de un hombre que dedicó su existencia a defender la palabra originaria frente al olvido.

 

La iniciativa, impulsada por el Ejecutivo regional a través de la Secretaría de Cultura, estuvo guiada por el Antropólogo Emelindro Fernández, Jefe de Estudios Antropológicos de la Universidad del Zulia (LUZ). El encuentro propició un espacio de confluencia entre familiares del educador, líderes comunitarios, historiadores y docentes, quienes coincidieron en la urgencia de mantener vigentes las metodologías de preservación lingüística que el líder indígena consolidó en vida.

 

 

Durante su intervención, Fernández perfiló a Pocaterra como un verdadero «maestro de maestros», rememorando el instante crucial en que abandonó sus estudios universitarios de ingeniería petrolera para asumir la alfabetización y la dignificación de su pueblo. Entre sus hitos políticos más trascendentales se recordó la traducción íntegra de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela al idioma wayuunaiki, una hazaña jurídica que garantizó el acceso legal de las comunidades a la carta magna en su propia lengua matriz.

 

Asimismo, los ponentes ponderaron su visión vanguardista al fundar los «Nichos Lingüísticos», un sistema pedagógico diseñado para transmitir el saber ancestral desde el núcleo familiar hacia la infancia, resguardando la oralidad nativa. Este esfuerzo técnico y metodológico sirvió además como piedra angular para el diseño de la Ley de Educación Intercultural Bilingüe Indígena en el país.

 

Por su parte, el Historiador Jesús Ángel Semprún Parra desglosó el valor de la producción bibliográfica de Pocaterra, concebida como trinchera contra la aculturación. Destacó el texto Naküjala wayuu (Relatos Wayuu), editado junto a Unicef de forma monolingüe para proteger el aprendizaje infantil de interferencias lingüísticas, así como su obra Los Wayuu, un pilar etnográfico que desentraña el derecho consuetudinario y la cosmovisión en la frontera colombo-venezolana.

 

 

Semprún Parra conmovió a la audiencia al revelar un pasaje inédito: tras haber traducido con éxito el clásico universal El Principito al wayuunaiki, el maestro Pocaterra dedicaba sus últimos días y esfuerzos a la titánica tarea de traducir Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, un proyecto que quedó suspendido con su partida física.

 

Nacido el 15 de septiembre de 1953 en la comunidad de Mokoomatira, en la Guajira zuliana, Jorge Enrique Pocaterra fue hijo de Camilo Pocaterra Uliana y María Elisa González Aapüshana. Respetando el ordenamiento matrilineal que rige a su sociedad, portó siempre con honor el linaje de su Clan Materno: los Aapüshana.

 

El homenaje contó con la presencia de su viuda, la Docente Mireya Hernández de Pocaterra, compañera de batallas sociales, así como de su hermano, Eddy Pocaterra, actual Director General de los nichos lingüísticos del Instituto Nacional de Idiomas Indígenas (Inidi), junto a los directivos de dicha institución, Tamala Uriana y Jhonny Amaya, quienes reafirmaron el compromiso de no dejar morir la semilla sembrada por el educador.

 

Jorge Enrique Pocaterra González retornó a la tierra de los ancestros, pero su voz quedó grabada en el viento de la Guajira y en la tinta que salvó a su lengua de la penumbra. Su tránsito por este plano no fue más que el viaje de un tejedor de realidades que unió el aula con el mito, y la ley con la memoria del fuego. Hoy, cuando los niños de la duna nombran el mundo en wayuunaiki, el maestro sonríe desde el cosmos guajiro, sabiendo que la palabra de su pueblo sigue siendo eterna.

 

Cortesía – Prensa Gobernación Bolivariana del Zulia