Ciclo Informativo, abril 2026).- La Alcaldía Bolivariana de Maracaibo, a través del Servicio Desconcentrado Terminal de Pasajeros (Sedetema), realizó un censo y dotó de uniformes a más de 40 vendedores informales que ejercen su actividad económica en el Terminal de Pasajeros de Maracaibo. La medida busca dignificar su labor y organizar los espacios del principal centro de transporte terrestre de la ciudad.

Durante años, los vendedores informales del Terminal de Maracaibo trabajaron en la sombra. Sin identificación, sin un espacio fijo, sin el respaldo de saber que su presencia estaba reconocida por las autoridades. Algunos llevaban 15, 20, hasta 30 años vendiendo en los mismos pasillos, pero siempre con el temor de ser desalojados o confundidos con alguien que no tenía derecho a estar allí. La informalidad no es un delito, pero la falta de orden sí genera problemas: desorganización, competencia desleal, dificultades para los organismos de seguridad. El censo y la entrega de uniformes cambia eso. No solo es un gesto de dignidad, es una herramienta de control y organización.

Lenín González, presidente de Sedetema, explicó que el proceso incluyó varias mesas de trabajo con el gremio de transporte y los propios vendedores. Se llegó a consensos sobre la identificación, la redistribución por rubros y la asignación de espacios específicos dentro de los ocho andenes del terminal.
Los más de 40 comerciantes informales recibieron uniformes e identificaciones que permitirán a las autoridades reconocer quiénes están autorizados para trabajar. A diferencia de los 200 comerciantes formales que tienen locales y pagan arrendamiento (muchos de ellos se están poniendo al día tras dos años de morosidad gracias a un trabajo de concientización), los vendedores informales no cancelan alquiler. Pero ahora tienen algo que no tenían: un rubro determinado y un espacio fijo para ofrecer sus servicios.

Los testimonios de los beneficiarios reflejan el cambio. José Azuaje, vendedor de ropa, dijo: «Esto me parece positivo porque así sabemos quiénes somos los que hacemos este trabajo aquí en el terminal». Jovani Bravo, con siete años en el terminal, añadió: «Hacía falta que nos identificaran, así evitamos confusiones y nos hace más llevadero el trabajo. Gracias al alcalde Di Martino y a las autoridades del terminal por este trabajo».
Para los organismos de seguridad, la identificación permite un control más efectivo y evita que personas no autorizadas ejerzan actividades ilegales dentro del terminal. Para los vendedores, es la tranquilidad de saber que su puesto es reconocido y que pueden trabajar sin el miedo constante a ser desalojados.

La proyección es seguir trabajando en el reacondicionamiento de los locales de los 200 comerciantes formales, con pintura de fachadas y reorganización, para que el terminal entero, tanto en sus áreas formales como informales, presente una imagen de orden y legalidad.
Cierre Reflexivo
Treinta años vendiendo en el mismo pasillo y nunca haber recibido un uniforme. Eso es mucho tiempo de invisibilidad. Los vendedores informales del Terminal de Maracaibo no pedían lujos, pedían ser reconocidos. Una identificación, un espacio fijo, la certeza de que su trabajo no será confundido con el de un intruso. La dotación de uniformes no resuelve todos los problemas del terminal, pero sí resuelve uno fundamental: la dignidad. José, Jovani y los otros 40 ahora pueden decir «yo trabajo aquí» y mostrar un distintivo que lo pruebe. En una ciudad que a veces corre demasiado rápido, detenerse a organizar a quienes venden café, ropa o dulces en una terminal es también una forma de construir orden. Desde abajo, pero firme.
Cortesía- Prensa Alcaldía Bolivariana de Maracaibo